¿Son buenos los aditivos alimentarios?
Diana Romano, Servicio de Extensión de la Universidad Estatal de Oklahoma
Enlace latino, edición del mes de mayo
¿Son buenos los aditivos alimentarios?
Diana Romano, Servicio de Extensión de la Universidad Estatal de Oklahoma
Los aditivos alimentarios son sustancias que se incorporan de manera intencional (aditivos directos) o de forma no intencional durante el procesamiento, almacenamiento o envasado (aditivos indirectos) para cumplir funciones concretas. Los aditivos están regulados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y deben aparecer en la lista de ingredientes.
Conservación e inocuidad: Una de las funciones más importantes de los aditivos alimentarios es ayudar a que los alimento duren más tiempo y a evitar que se deterioren debido a las bacterias, el moho o la exposición al aire. Los conservantes y antioxidantes son aditivos que contribuyen a prolongar la vida útil de los productos, mantener su calidad y disminuir el riesgo de enfermedades transmitidas por los alimentos.
Mejora nutricional: Algunos aditivos se utilizan para aumentar el valor nutricional de los alimentos mediante la adición de vitaminas, minerales o fibra. Esto permite reponer nutrientes que pueden perderse durante el procesamiento y también ayuda a cubrir deficiencias nutricionales en la dieta de la población.
Reforzadores de sabor y textura: Ciertos aditivos, como los saborizantes, edulcorantes y colorantes, hacen que los alimentos resulten más atractivos al consumidor. Otros, como los emulsionantes y estabilizadores, mejoran la textura y la consistencia de los productos, mientras que los agentes leudantes permiten que los alimentos horneados crezcan y tengan una mejor estructura.

Tipos y beneficios: Los aditivos alimentarios pueden ser de origen natural o sintético. Los de origen natural Provienen de plantas, animales o minerales. Algunos ejemplos incluyen colorantes naturales como el betabel o la remolacha que proporciona color rojo, la cúrcuma que proporciona color amarillo, o la clorofila que proporciona el color verde. Ejemplos de conservantes naturales: la sal, el vinagre y el jugo de limón. Dentro de los saborizantes naturales están la vainilla natural, la canela y los extractos de frutas.
Los aditivos sintéticos o artificiales son elaborados químicamente y suelen emplearse por su eficacia, estabilidad y bajo costo. Algunos ejemplos son: los colorantes artificiales como el rojo 40, el amarillo 5 o el azul 1. Los conservantes artificiales como el benzoato de sodio, el nitrito de sodio, o el sorbato de potasio; y los endulzantes artificiales como por ejemplo el aspartame, la sucralosa y la sacarina. Dentro de los saborizantes artificiales están los sabores artificiales de fresa o de mantequilla.
Inocuidad y elección del consumidor: Todos los aditivos aprobados son sometidos a rigurosas evaluaciones y controles para garantizar su inocuidad para el consumo. Quienes no deseen el consumo de los aditivos, pueden revisar las etiquetas nutricionales o seleccionar alimentos que contengan menos aditivos.
En general, los aditivos permiten una mayor disponibilidad de alimentos, ayudan a extender su duración y apoyan prácticas más sostenibles.
Adaptado de: https://ific.org/insights/what-you-should-know-about-approved-food-additives/
Imagen creada por Microsoft Copilot
Mantenga las rutinas incluso en el verano
Elizabeth Brunscheen-Cartagena, Extensión de la Universidad del Estado de Kansas

Al final del año escolar las familias esperan con entusiasmo la llegada del verano. Este periodo trae cambios importantes en las rutinas, el comportamiento y el bienestar emocional de niños y adultos. Las investigaciones en desarrollo infantil y bienestar familiar señalan que los cambios en la estructura diaria pueden generar estrés si no se manejan de manera intencional.
Durante el año escolar, las horas fijas para dormir, comer, aprender y socializar benefician el desarrollo y el desempeño de los niños. La Academia Americana de Pediatría asegura que las rutinas predecibles ayudan a que los niños se sientan seguros de sí mismos, fortaleciendo su desarrollo emocional y conductual. Si con la llegada del verano se pierde esta estructura, los niños pueden volverse irritables, tener dificultad para dormir y aumentan el tiempo frente a aparatos electrónicos.
No hay necesidad de replicar por completo el horario escolar para mantener las rutinas. Lo ideal es mantener cierta estructura y establecer rutinas flexibles. Por ejemplo, tener horarios fijos para despertarse, comer y dormir, promueve la estabilidad emocional y reduce el estrés en el hogar.
Los gastos aumentan durante el verano debido a la compra extra de alimentos, las actividades de diversion y el cuidado infantil. Planear con anticipación los gastos reduce la posible ansiedad económica o la presión financiera adicional, al igual que los gastos extras. Prepare un presupuesto veraniego, priorizando las necesidades y buscando actividades gratuitas o de bajo costo.
El verano es una oportunidad única para fortalecer las relaciones familiares. Las actividades sencillas como los juegos de mesa, preparar recetas juntos o visitar diferentes parques fomentan la conexión emocional. Estos momentos cotidianos contribuyen al desarrollo social y emocional de los niños, al igual que fortalecen la comunicación familiar. Asimismo, es importante que haya un equilibrio entre el uso de los aparatos electrónicos y otras actividades. El exceso de tiempo frente a dispositivos electrónicos puede afectar el sueño, la falta de actividad física y el estado de ánimo de los niños. Establezca un horario para el uso de estos aparatos poniendo límites claros y planeando juegos al aire libre. De igual manera establezca horarios para leer y hacer actividades creativas que apoyen un desarrollo más saludable.
Durante el verano también puede enseñarle a los chicos habilidades que les servirá de por vida y que crean la responsabilidad y la confianza en ellos. Por ejemplo, involúcrelos en las tareas del hogar, en la planificación de comidas o en la organización de actividades.
En resumen, aunque el cambio del año escolar al verano puede presentar desafíos, también ofrece valiosas oportunidades. Con un poco de planificación, rutinas flexibles y enfoque en la conexión familiar, las familias pueden crear un verano equilibrado, saludable y significativo.